Hay un momento muy concreto en el que la ilusión se te da la vuelta y te deja una sensación rara en el estómago. Ha sido viendo la hoja de ruta que Wizards desplegó en la Gen Con de este año: Arcana Unleashed en septiembre, World of Warcraft en noviembre, Dark Sun en 2027, Greyhawk después, Star Wars al fondo del pasillo. Y yo ahí, con la calculadora mental echando cuentas: una sesión al mes, doce al año. Doce. Con eso no me da ni para arañar una de las cuatro.
El problema, dicho sin adornos: el catálogo oficial va a crecer más rápido de lo que muchos podemos jugar, y eso convierte elegir en una habilidad del DM en importante. Nos pasamos la vida aprendiendo a improvisar, a repartir foco, a llevar combates ágiles. Nadie nos enseña a decir que no a un libro precioso.
El criterio que uso
Aquí va. Antes de comprar nada, antes incluso de mirar el arte, hazte tres preguntas sobre la ambientación. No sobre si te gusta, que eso ya lo sabes, sino sobre lo que te va a exigir para funcionar en tu propia mesa.
Primera: ¿cuánto tarda en dar su mejor versión?
Hay ambientaciones que se explican solas en diez minutos y otras que necesitan que la mesa lleve seis sesiones metida para que la premisa muerda. Dark Sun es el ejemplo de manual. Un mundo donde el agua es la moneda y el metal casi no existe, no impresiona por lo que te cuentan en la primera escena sino por la decimoquinta vez que tienes que decidir si compartes la cantimplora.
Segunda: ¿qué parte del trabajo la hace el libro y qué parte la haces tú?
Un escenario con clases nuevas, reglas de supervivencia y economía propia te está pidiendo que aprendas un sistema paralelo. Uno que se apoya en una ficción que tu mesa ya conoce te está regalando la mitad del trabajo hecho antes de sentaros.
Tercera: ¿esto lo quieres jugar o lo quieres tener?
Porque son cosas distintas. Yo llevo desde que tengo uso de razón queriendo pisar Athas y no lo he pisado nunca. Ni una sesión. Y cuando vi el tráiler con los ejemplares retractilados en tienda para que nadie vea el arte de refilón, lo primero que sentí fue deseo puro. Lo segundo, treinta segundos después, fue la sospecha incómoda de que lo que quiero de Dark Sun a lo mejor es tenerlo en la estantería.
Con esas tres preguntas, la respuesta para el que va a una sesión al mes, como es mi caso, cae sola: una ambientación larga cada dos años, y el resto en one-shots. No es renuncia, es diseño. Doce sesiones dan para una campaña corta de ocho y cuatro escapadas, o para doce aventuras autoconclusivas. Lo que no dan, de ninguna manera, es para cuatro mundos.
Lo que el one-shot resuelve y lo que no
Yo ahora mismo estoy en modo one-shot y os digo una cosa: no es el plan B. Es la única forma que conozco de jugar cuatro ambientaciones sin hipotecar tres años.
El one-shot tiene mucho de portal. Entras, vives una historia entera, sales con la sensación de haber atravesado una catástrofe cósmica en una sola tarde. Y para lo que nos ocupa tiene una virtud enorme: te deja probar la premisa sin comprar la campaña. Quieres saber si Athas te va a gustar de verdad o solo te gusta la idea de Athas. Monta una tarde de una sola escena grande y lo sabrás. Si tu grupo sale de ahí hablando de la sed en el coche de vuelta, ya tienes la respuesta.
Lo que el one-shot no resuelve es precisamente lo que hace grandes a las ambientaciones duras. Dark Sun no va de una tarde sin agua. Va de la erosión. De lo que le pasa a un grupo cuando lleva cuatro meses sin poder confiar en nadie. Eso no cabe en una sesión y quien te diga lo contrario no lo ha probado.
Cuando el criterio se esfuma
Y ahora la parte honesta, mi criterio se rompe con Star Wars. Lo anunciaron cerrando la noche, con Darth Vader subiendo literalmente al escenario, y ahí no hubo cálculo de sesiones ni tres preguntas ni nada. Hubo un tío de cuarenta y tantos con la piel de gallina. Llevo siendo fan de eso desde antes de saber lo que era un dado de veinte, y llevamos demasiado tiempo con la galaxia parada en las mesas de rol.
¿Es coherente con todo lo que acabo de escribir? No. Ni de lejos. Y me da igual, y creo que os debería dar igual a vosotros también con lo vuestro. Porque el criterio no está para que lo cumplas siempre, sino para que sepas cuándo lo estás rompiendo y por qué. Una excepción consciente al año es un capricho. Cuatro excepciones son no tener criterio.
Así que mi plan, tal como está hoy: Star Wars va a ser mi excepción, cuando llegue. Dark Sun lo probaré en one-shot antes de decidir nada, sin comprarme la colección entera por si acaso. Y Greyhawk y World of Warcraft se quedan en la lista de «ojalá», que es un sitio perfectamente digno donde estar.
Que la parte difícil de esta afición nunca fue encontrar cosas buenas que jugar. Es aceptar que la mayoría no las vas a jugar nunca, y sentarte igual el mes que viene con las que sí.
